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Si no has visto el mayor río de almas del mundo, es que nos has ido a los Museos Vaticanos.
Quizás hayas oído alguna vez que en los Museos Vaticanos, un día de verano cualquiera, puede haber más de cuatro horas de cola. Pues bien, no es un mito.
Sino que se lo digan a nuestros familiares que se empeñaron en ir temprano a hacer cola pensando que no iba a ser para tanto, y los pobres han estado las cuatro horas de rigor. Al final ya han aguantado por cabezonería, porque existe la opción de “skyp the line”, o lo que es lo mismo de saltar la cola y continuamente te lo ofrecen diversos comerciales de las agencias durante todo el recorrido.
A nosotros (F., Sunflower y yo) no nos importaba pagar 11€ más pero no hacer cola. No me puedo imaginar cómo resistir tantas horas bajo el sol abrasador con Sunflower, sería algo insoportable. Así que nos hemos levantado a las nueve, hemos desayunado tranquilos y hemos ido a la agencia que hay junto a la Plaza de San Pedro para a las 11 entrar en los Museos.
El funcionamiento de este sistema es sencillo; pagas la entrada en la oficina, te dan una pegatina para que te coloques en la ropa y sigues a una guía que te acompaña hasta la puerta. La entrada es directa y no haces nada de cola, eso es verdad. Una vez pasas el control de seguridad, la misma chica te entrega tu entrada, subes al primer piso (hasta ahí todo tranquilo incluso parecía que no había nadie, sino mira estas fotos subiendo por la zona de rampa), y en cuanto entregas la tarjeta, todo cambia, entonces accedes al apasionante mundo de los largos pasillos abarrotados.
Si en un post anterior dije que la estación de Términi era el lugar más agobiante del mundo (al menos del mundo conocido por mí), fui una ignorante, todavía no había conocido los Museos Vaticanos.
Es difícil describir la sensación. Es como sumergirte en un río de gente en el que te lleva la corriente. No puedes detenerte, ni retroceder, solo avanzar. Y despacio. Además, si lo recorres con un carrito, entonces la tortura está garantizada, porque no haces más que dar golpes al de delante y te vuelves medio desesperado cuando hay escaleras (que las hay por todo) y tienes que cogerlo a peso y subir o bajar, con la correspondiente piña que estás montando detrás. No sé si estas fotos pueden mostrar del todo lo que estoy diciendo, pero realmente ha sido tortuoso:
Bueno, aparte de esto, supongo que si te gusta la historia del arte, puedes disfrutarlo. Sinceramente nosotros nos hemos agobiado mucho. Ni te cuento mis suegros que han entrado después de cuatro interminables horas de cola. F. aún así ha hecho unas fotos bonitas, de la sala de mapas, la sala de Rafael, incluso la Capilla Sixtina de incógnito, que por cierto al tenerla medio a oscuras para que no se estropee con la luz y las cerca de mil personas que están allí dentro, tampoco puedes apreciarla en toda su magnitud. Aunque al menos hemos visto bien “la Creación del Hombre”, que es más pequeñita de lo que imaginaba.
En fin, mi consejo sería: Si estás pocos días en Roma, no malgastes uno en ir a los Museos Vaticanos, sinceramente no vale la pena. A no ser que seas un apasionado del arte, como he dicho antes.
Después de la paliza del Vaticano, y comer en una hamburguesería de por allí, hemos descansado en casa toooooda la tarde. Estábamos agotados.
Ya por la noche, hemos paseado por el Lungo Tevere, junto al río, donde todo el verano hay puestecitos de compras y de comida de todo tipo, y el paseo es entretenido y bonito, a la par de fresco. Echa un vistazo:
Mirad que puesto más actual de “selfinator”. Desde luego en Roma mucha gente lleva uno de estos palos agarrado a su móvil para hacerse selfies. Lo que se puede hacer con un palo…
Realiza cada una de tus acciones como si fuera la última de tu vida. – Marco Aurelio


























2 respuestas
Esos museos son horribles. Yo creo que no merece la pena ni aunque seas un apasionado del arte, como dices tú . Yo he ido varias veces: la última vez me dije a mi misma que nunca mais. La única experiencia vital destacable que te reporta la visita es la de sentirte como un borrego… Es imposible observar nada artístico entre la multitud.
Aunque tengo que decir que una de las veces que fui, con un antiguo novio, no sé que leches pasó ni porqué, pero llegamos muy tarde, como a las 12:00, no había casi cola y dentro estaba bastante asequible. Fue algo raro de ese día, conjunción de los astros o yo que sé, porque luego he pasado muchas veces por delante a distintas horas y nunca he vuelto a ver la cola asi!
¿Verdad? Si al menos fuese gratis… En fin, por mi parte sé que volveré a Roma pero dudo que vuelva a los Museos Vaticanos! Gracias por tu comentario Paula!