Conociendo el Trastevere… y los hospitales de Roma

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El jueves es el día de mercado en Inca, el pueblo en el que vivimos en Mallorca, por lo que siempre que podemos aprovechamos para hacer la compra de productos autóctonos. Así que hoy pretendíamos hacer lo mismo, y visitamos el mercado del Campo di Fiori, muy cerquita de la plaza Navona. El mercado es diario, y nuestro anfitrión Pasquale nos lo recomendó especialmente para comprar fruta y verdura de buena calidad.

Como ya va siendo costumbre antes de partir, llenamos las botellas de agua bien fresquita, que hoy era más que necesaria.

 

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El calor matinal era bochornoso, casi sofocante, por lo que no pudimos prestarle igual la atención que queríamos al mercado. De camino pasamos por el Senado, donde siempre están haciendo guardia los soldados con sus metralletas enormes y excesivas.

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 El mercado de Campo de Fiori de  entrada nos sorprendió por lo pequeñito que es, pero es cierto que los puestos tienen un encanto especial; desde las paradas de flores haciendo honor al nombre de la plaza hasta una selección de quesos o patés artesanos, o todas las especias que te imagines para preparar las típicas salsas italianas.
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De vuelta a casa, cargados con algunas compras, nos paramos en uno de los hornos típicos de la ciudad a comprar pan y algunos cornettos (croissants). Éste sale en las guías turísticas. La verdad que la bollería no es el fuerte de los romanos, la encontramos bastante grasienta y demasiado azucarada, pero de panes tienen una buena selección. La baguette por ejemplo la preparan en tamaño king, como de un kilo o más, y te venden sólo un trozo si quieres.
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Ya en casa preparamos aun aperitivo y algo rápido para comer (nos encanta poder tener esta opción y no tener que tirar siempre de restaurantes).
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Cuando salimos por la tarde con ganas de ir al Jardín Botánico, nos pilló el chaparrón de los siglos. Llovía tanto que nos refugiamos en la librería La Feltrinelli, ¡donde ya nos han ofrecido la tarjeta de socios!  Y luego abortamos el plan y volvimos a casa.
Y es que aquí el tiempo cambia con una facilidad pasmosa. Lo mismo hace un calor agobiante, que llueve de forma torrencial y te enfrías, que sale el sol como si no hubiera pasado nada. Que fue lo que pasó.
F. aprovechó entonces para bajar al Panteón y dibujarlo recién bañado por la lluvia, además de hacer algunas fotografías de la cúpula.
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Por la noche nos apeteció acercarnos al Trastevere, el barrio que se encuentra al otro lado del río Tíber. Teníamos ganas de conocer su ambiente nocturno que parece ser una de las zonas más in de Roma.

El primer día que pisamos el Trastevere, que te conté aquí,  fue para ir al mercado de Porta Portesse. Entonces nos pareció un barrio bastante sencillo y para nada bohemio, pero claro es que solo habíamos ido a una parte. Así que cuando esta noche paseamos por las calles que llevan a la piazza de Santa Maria del Trastevere, nos sorprendimos muchísimo; bares, restaurantes, pizzerías, paraditas de artesanos y vendedores, música en vivo, estudiantes, extranjeros,… todo un mundo enorme se despliega en esas calles estrechas y medievales que tienen un regusto vintage de lo más agradable, además de detalles encantadores a cada paso.

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Nos gustó mucho. Comimos pizza al taglio, curioseamos por los puestos ambulantes, tomamos un helado en la plaza y hasta bailamos. Todo era perfecto hasta que Sunflower en un giro de los suyos de bailarina se tropezó con sus propios pies y se cayó.
Desde que estamos aquí ya se ha caído un par de veces. Los adoquinados de piedras de Roma son desiguales y resbaladizos, pero esta vez tuvo la mala suerte de caer en una zona con pendiente y golpeó con la boca abierta en la piedra. Sí, es una de esas imágenes que te ponen los pelos de punta del repelús.
A partir de ahí tuvimos una noche movidita.
La sangre salía a borbotones de su boca y la pobre lloraba y gritaba sin parar. Por suerte su papá además de fisioterapeuta es enfermero y sabe mantener la calma en estos casos, porque yo estaba histérica. Mientras él la atendía para cortar la hemorragia y limpiar la sangre, nos explicaron cómo llegar a un hospital cercano. Fuimos a pie con la niña gritando sin parar. Pero se trataba de un hospital-residencia y no tenían urgencias. Así que nos enviaron al hospital de la isla Tiberina (el más antiguo de Roma) donde sí tenían pronto soccorso  (es como llaman a urgencias allí) y por fin nos atendieron. Como el pediatra estaba en un parto la vio un médico general, pero preferían que la viese un pediatra de urgencias y un cirujano por si había lesión en la encía. ¡Madre mía! Otro taxi (aunque nos ofrecieron ambulancia) y acabamos en el hospital San Camilo, donde hay urgencias pediátricas (dei bambini). Allí la miraron dos especialistas y finalmente el diagnóstico fue el mejor que podíamos esperar: labio roto y un diente menos.
En fin, llegamos a casa ya de madrugada y algo nerviosos. Pero mira tú habíamos tenido la oportunidad de conocer otra Roma, la de sus hospitales.
Y con una anécdota para el recuerdo. Porque Sunflower siempre que vuelva a Roma podrá decir: “Mira cuando era pequeña bailando en esa plaza me dejé mi primer diente”.
Mañana tenemos visita, ¡vienen a vernos los abuelos! Otro motivo para estar contentos.
La vida es como una leyenda, no importa que sea larga, sino que esté bien narrada. – Séneca

2 respuestas

  1. Vaya susto! Qué mal lo tuvo que pasar la peque! Hay que andarse con mucho ojo con los sampietrini, sobre todo en los días de lluvia! Espero que ya esté mejor Sunflower. Un besazo!

    1. ¡Ya lo creo, un buen susto! Por suerte ya está perfecta y lo bueno es que se lo tomó muy bien lo de perder un diente, aunque con los nervios no nos acordamos del Ratoncito Pérez, y ahora todo el mundo le pregunta si ha venido el ratoncito, la pobre no sabe ni quién es…

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