El ajetreo de los restaurantes colocando las mesas en la plaza a primera hora de la mañana ya empieza a sernos familiar y nos pone las pilas, así que nos levantamos todavía con más ganas de seguir descubriendo la Ciudad Eterna.
A mí particularmente todo en la ciudad me resulta cautivador. F. en cambio tiene ya sus críticas; respecto a las condiciones de las calles, o la limpieza, y dice que Madrid le da muchas vueltas en ese sentido por ejemplo. No lo sé, pero yo prefiero ver todo lo bueno que nos ofrece Roma, que es muchísimo.
El día ha amanecido despejado y caluroso, así que hemos mantenido nuestra intención de ir a Villa Borghese.
Después de llenar nuestras botellas en la fuente de la plaza del Panteón, hemos paseado hasta Piazza di Spagna, donde también ¡hay obras por todo! Para llegar hemos recorrido toda la via Condotti, la famosa calle de las tiendas de firma, que nos ha decepcionado un poco por lo estrechas que son las aceras y la cantidad de vehículos que pasaban sin parar. Pensábamos que era una calle peatonal y más glamurosa.
Al llegar a Piazza di Spagna, hemos pasado por nuestra embajada, con la bandera española ondeando bien orgullosa, y hemos aposentado nuestro trasero en las famosas escaleritas, aunque la fuente de la barca de Bernini estaba cerrada por obras de restauración.
Después de una rápida merienda para Sunflower en uno de los bares de la piazza, ya nos hemos dirigido a Gina, muy cerca de allí, para comprar el picnic.
Por 40€ nos han preparado, bastante rápido pues no había nadie, una mochila de picnic totalmente equipada con platos, vasos, cubiertos, hasta bolsa de basura y un apetitoso almuerzo consistente en: una ensalada de pasta, una baguette de pollo, unas patatillas, dos ensaladas de fruta, dos biscotti de chocolate, dos botellas de agua, café y pastas para acompañarlo.
Quizás el precio es un poco caro pero la idea es estupenda y nos ha gustado mucho. No hemos visto nada parecido en España, y puede ser una idea de negocio muy chula para explotar.
Una vez hemos tenido la cesta de picnic (ellos se han quedado un DNI como depósito) ya nos hemos dirigido hasta Villa Borghese, uno de los parques más grandes y bellos de Roma. Para llegar hemos subido hasta el monte Pincio, ese donde subía el famoso poeta John Keats para inspirarse, desde la piazza del Popolo, a la que por cierto volveremos otro día porque F. quiere dibujar las dos iglesias gemelas que la regentan.
Las vistas desde el Monte Pincio son espectaculares. Ya tengo ganas de volver. Con eso lo digo todo.
Ya en el parque hemos buscado un sitio en la hierba que nos gustara y hemos instalado nuestro campamento. Hemos disfrutado muchísimo, degustando el delicioso almuerzo, tomando el sol tumbados bajo la sombra de los pinos o buscando piedras, porque una de las aficiones que tenemos Sunflower y yo consiste en pintar mandalas en piedras de cantos rodados (ya os mostraremos algunas de nuestras creaciones) y todos los caminos estaban plagados de ellas.
Y así después de un momento de reposo de esos para el recuerdo, hemos seguido la marcha en dirección al Bioparco, el zoológico de Roma. A Sunflower le gustan tanto los animales que no podíamos renunciar a darle el gusto.
El zoo es pequeñito y bastante sencillo. El de Madrid, donde estuvimos el pasado puente de mayo, es verdad que le da mil vueltas, pero nos hemos dado un paseíto agradable y lo más importante Sunflower ha disfrutado mucho. La entrada es gratuita para los niños que midan menos de un metro (Sunflower mide 104 pero ha colado) y la entrada de los adultos 15€.
Para la vuelta seguimos recorriendo el parque hasta llegar al Museo de Arte Contemporáneo, donde tomamos el tranvía y luego el metro hasta la estación de Termini. Allí tuvimos que detenernos porque la línea de metro no continuaba hasta Piazza de Spagna, ¿adivina por qué? ¡Las dichosas obras!
La estación de Termini puede que sea muy probablemente la estación más agobiante del mundo, casi indescriptible. Tampoco es que hayamos estado en muchas estaciones para afirmarlo con rotundidad, pero sí en la de San Pancras en Londres, la Gare du Nord en París, la de Atocha en Madrid, la de Sans en Barcelona o la Grand Central Station en Nueva York y puedo afirmar que nunca me había agobiado tanto por las aglomeraciones de gente, el ruido, el caos de coches, taxis, autobuses,… en fin que optamos por volver caminando hasta Piazza di Spagna, pues solo era un kilómetro y medio, para devolver la cesta.
Fue ese el momento en el que pude cumplir otro de mis deseos y tomarme un cremoso y carísimo helado (6€ el pequeño) sentada en la escalinata, a lo Audrey Hepburn.
Puede que para la vuelta a casa ya estuviéramos muy cansados, por suerte Sunflower dormía, pero las calles de compras estaban tan atestadas que era difícil dar un paso y mucho más con un carrito, por lo que no fue un paseo agradable, pero poquito a poco, a paso de hormiga, llegamos.
Llegamos a casa sobre las siete y media de la tarde. Como hoy tenía tiempo preparamos una cena casera a base de pollo con verduras y puré de patatas que a Sunflower le chifla y para acabar el día tan completito, justo antes de dormir, dimos un corto paseo por las calles de alrededor y es que no nos vamos a dormir sin ver antes el Panteón de noche.
Mañana día de compras!!! Nos vamos al outlet de Castel Romano!!!
Nada es tan difícil que no se pueda conseguir con coraje. – Julio César
(Nota: En cuanto volvamos a casa acabaremos de editar las entradas con todas las fotografías, porque aquí no tenemos los medios adecuados, pero mientras tanto os vamos mostrando una pequeña selección.)
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4 respuestas
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SÍ, QUIERO MIS REVELACIONES →Lo de la cesta de picnic me parece una chulada, puede ser un buen negocio en los sitios turísticos de España.
¿A qué sí? Yo también lo pienso, además estaba súper completa y todo buenísimo. ¡Gracias por leernos!
Aguamarina
Me da escalofríos pensar en los seis euros del helado, cómo se pasan! Pero también los hubiera pagado, sobre todo por ese cucurucho de chocolate con crocante… Mhhhh!
Lo cierto es que hay heladerías en Roma mucho más baratas, en esa de Piazza Spagna se aprovechan de los turistas. Las que nos recomendó nuestro anfitrión estaban muy buenas y mucho más baratas entre 2-2'5€ el helado pequeño: Giolitti y Fiocco di Neve ¡buenísimos!
Por cierto, ¡gracias por pasarte por aquí!
Aguamarina